Dolor por CÁncer

Dr. Jaime Rebeil Félix
Algólogo y Anestesiólogo

El dolor en un enfermo de cáncer, puede ser desde leve -que se controla con analgésicos antiinflamatorios simples- hasta el más intenso que demande todos los adelantos de la ciencia médica moderna, para poder controlarlo.
Existen estadísticas que nos indican que del 50-80% de los pacientes con cáncer, no logran el alivio adecuado de su dolor.
Sin embargo, el Comité de Dolor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que en el 80% de los casos puede obtenerse alivio con medidas relativamente sencillas.
Expertos del Nacional Cancer Institute, en Estados Unidos, del Instituto Nacional de Cancerología en México y otras instituciones dedicadas al tratamiento del dolor, consideran que el dolor y otros síntomas de cáncer representan un problema de salud pública serio y descuidado.
Señalan que todos los pacientes deben tener la expectativa de que el dolor puede ser controlado como un aspecto integral de la atención que reciben en el transcurso de su enfermedad.

Más allá del dolor
Es muy importante que no dejemos a nuestros pacientes de cáncer sufrir más allá de lo que el propio diagnóstico por sí mismo representa.
Es difícil para las personas que no tienen dolor, entender lo que estos enfermos están padeciendo:
Puede haber sentimientos de desesperanza, soledad, miedo a morir, depresión y ansiedad, insomnio, náuseas, vómitos, falta de apetito, estreñimiento, distensión abdominal, insuficiencia respiratoria, y una larga lista de síntomas que en muchas ocasiones acompañan al dolor.
Es por eso que el alivio del dolor y síntomas acompañantes, no deben tomarse a la ligera por el personal de salud encargado de tratar a estos enfermos, quienes deben ser atendidos por un grupo interdisciplinario de especialistas donde participan oncólogos, algólogos (especialistas en el tratamiento del dolor), psicólogos, psiquiatras, enfermeras, trabajadoras sociales, farmaceutas y todos aquellos especialistas, que en un momento dado, puedan participar de acuerdo con los síntomas predominantes que presente el paciente.

Ignorancia y desinformación
Si bien es cierto que el 80% del dolor por cáncer puede ser controlado por medio de medidas más o menos sencillas como son analgésicos antiinflamatorios, analgésicos opioides como codeína o morfina, sedantes, antidepresivos, neuromoduladores, corticoides, entre los más comúnmente utilizados; en la realidad estamos muy lejos de lograr este porcentaje de alivio.
Las razones son múltiples, y entre las más importantes podemos mencionar la falta de información en las escuelas de Medicina y cursos de especialidades, sobre el tema del dolor.
También la falta de disponibilidad de opioides, que son la piedra angular en el alivio de dolor por cáncer, por problemas político-administrativos que no tienen nada qué ver con los médicos y los pacientes.
Otro factor es la ignorancia en la población acerca de este tipo de medicamentos: Muchas veces se les niegan a pacientes con dolor, por una serie de mitos ampliamente arraigados en la comunidad, tales como el miedo exagerado a la adicción o porque se piensa que deben indicarse sólo como último recurso, cuando ya el paciente está en su etapa final.
Nada más falso que lo anterior, al contrario, debemos prescribir estos medicamentos desde etapas tempranas de la enfermedad, cuando el dolor es tan intenso que no se alivia con otro tipo de fármacos.
De esta manera, logramos una especie de adaptación del organismo a los opioides, ya que se desarrolla tolerancia a los efectos secundarios, como náuseas, vómitos, delirios, alucinaciones, depresión respiratoria, entre otros.
Esto resulta muy útil para las etapas más avanzadas de la enfermedad, cuando se tiene la necesidad de aumentar dosis para lograr el alivio de dolores más severos.

Derecho humano y signo vital
Es tan importante el problema del dolor a nivel mundial, que la década 2000-2010, ha sido nombrada por el Congreso de Estados Unidos “la década de investigación en dolor”.
Ha crecido en forma exponencial el número de trabajos de investigación sobre dolor, tanto en animales de laboratorio, como en humanos.
Por otro lado, el alivio del dolor se ha elevado a la categoría de un derecho humano, por las organizaciones internacionales de Derechos Humanos, por lo que los pacientes están en condiciones de exigir al personal sanitario el alivio satisfactorio de su dolor.
También se ha considerado como el quinto signo vital, junto con la frecuencia respiratoria, frecuencia cardiaca, presión arterial y temperatura, y debe quedar asentado en el expediente médico -por medio de la escala especial para evaluar el dolor-, de acuerdo con su intensidad, para poder tomar las medidas necesarias a fin de aliviarlo lo más pronto posible.

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