Dolor infantil

Duele ver el dolor infantil

Se ha demostrado que las estructuras anatómicas para la percepción del dolor, son funcionales entre el primero y segundo trimestre del embarazo, de manera que los niños pueden sentir dolor antes de nacer.
De la misma manera, se ha demostrado que los recién nacidos, incluyendo los prematuros y niños que no han adquirido la capacidad de hablar, son capaces de percibir dolor.
A pasar de lo anterior, existe la creencia generalizada en la sociedad de que el dolor en los niños es diferente que en los adultos, o que los niños no sienten la experiencia dolorosa con la misma intensidad que los adultos.
Hoy en día, sabemos por estudios neurofisiológicos realizados en recién nacidos, que los sistemas neuronales cerebrales y medulares encargados de la modulación e inhibición del dolor, no están bien desarrollados en los recién nacidos y lactantes, por lo que perciben el dolor con mayor intensidad que los adultos.
Si bien es cierto que el dolor es una experiencia sensorial y emocional difícil de medir y de evaluar en el adulto, con mayor razón en los niños que no tienen la capacidad para comunicar lo que sienten, ya sea por que no hablan aún, porque no quieren decir que tienen dolor por temor a que los inyecten, o porque no quieren que los consideren unos “miedosos”, en el caso de los niños mayores o adolescentes.

Secuelas físicas y emocionales
Es importante evitar por todos los medios posibles que los niños tengan dolor durante el curso de una enfermedad o la realización de un procedimiento médico, como reducción de una fractura, circuncisión, biopsias, cirugías menores, etc.
Se ha demostrado que los niños que experimentan dolor en etapas tempranas de su vida, sufren cambios en su cerebro que afectan de manera negativa su comportamiento ante futuras enfermedades o eventos dolorosos.
Los niños tienen una gran plasticidad cerebral, por lo tanto, la experiencia dolorosa durante este periodo puede influir la arquitectura final del cerebro adulto en formas sutiles y actualmente indefinidas, de tal manera que el alivio del dolor en el niño no sólo debe procurarse por motivos humanitarios, sino que también por razones estrictamente biológicas y psicológicas, ya que estos niños puede sufrir alteraciones de la conducta, ansiedad, depresión, miedos, falta de apetito, baja de defensas y alteraciones en su desarrollo emocional y físico.

Temor a fármacos y desconocimiento
Un niño puede sufrir dolor por múltiples causas, tales como traumatismos, migraña, dolor de cabeza tensional, artritis, cáncer, procedimientos médicos para diagnóstico -como biopsias-, dolor postoperatorio, etc.
En todos los casos, el dolor puede ser evitado con los adelantos de la Medicina moderna; sin embargo, en la vida real no siempre es así debido a diversas razones, tales como la creencia generalizada de que el dolor no tiene repercusiones en el niño o que éste lo siente menos que el adulto por el hecho de que no lo puede comunicar verbalmente.
También influye el temor a utilizar los diferentes fármacos que existen para aliviar el dolor, como son analgésicos antiinflamatorios tipo aspirina, ibuprofén, naproxén, keoprofeno, etc.; analgésicos morfinices como la codeína, oxicodona, tramadol, morfina, etc.; ansiolíticos como el midazolam, alprazolam, clonacepan, etc. Esto, debido al desconocimiento de su farmacología y dosificación por parte del personal sanitario a cargo del niño.
Además, otro aspecto que afecta es no usar instrumentos de evaluación y medición del dolor especiales para el niño, como escalas numéricas, con caritas de diferentes expresiones, con frutas, escalas de colores, o aquéllas que deducen el dolor a través de frecuencia cardiaca, presión arterial, gesticulaciones, sudoración, movimientos de las extremidades, entre otras.

Papel de los padres
Lo ideal es que la familia del niño trabaje conjuntamente con el personal médico y de enfermería, para evaluar el dolor tan pronto como sea posible, y tratarlo con eficacia.
Los padres desempeñan un papel muy importante en el control del dolor de sus hijos, ya que son ellos quienes mejor los conocen, y quienes pueden darles el mejor apoyo en situaciones nuevas y difíciles.

Mitigue el dolor a su hijo
Algunas recomendaciones para que los padres puedan ayudar a sus hijos a enfrentar el dolor son las siguientes:
- Estar con su hijo o pedir a conocidos y amigos que lo visiten.
- Avisar al médico o enfermera si el niño parece tener dolor, o preguntar si ya le pueden bajar la dosis de analgésico si el pequeño está muy dormido o sedado.
- Elogiarlo, aun por logros pequeños; los elogios dan ánimos y ayudan a los niños a enfrentar situaciones difíciles.
- Inventar alguna actividad o juego que lo distraiga antes y después de un evento doloroso.
- Hacerlo sentir que tiene control sobre la situación, hasta donde sea posible.
- Llevarle objetos personales como su juguete o muñeco de peluche preferido.
- Preparar al niño antes de cualquier procedimiento, para evitar el miedo a lo desconocido.
- Música, canciones, juegos o una voz suave, sirven para distraer la atención al dolor.
- Pueden realizarse con el niño movimientos rítmicos, lentos y constantes, como mecerlo, por ejemplo.
- Hacer ejercicios, soplar burbujas o respirar profundamente.
- Darle un masaje suave.
- Colocar una bolsa caliente o con hielo sobre el área adolorida, dependiendo del caso.

Los bebés y los niños tienen derecho a que se tomen todas las medidas posibles para aliviarles el dolor, siempre y cuando no conlleve un riesgo para su salud.
Debe trabajarse en equipo para controlar el dolor y la ansiedad, empleando terapias con y sin medicamentos, trabajando en conjunto con la familia para evaluar el dolor en forma temprana, y aliviarlo rápidamente para evitar consecuencias físicas y emocionales en el pequeño.

El Dr. Jaime Rebeil Félix es especialista en Algología y Anestesiología. Jefe de la Clínica del Dolor del Hospital General del Estado y miembro de la Sociedad Mexicana para Alivio y Tratamiento del Dolor. Tel. 215-5133 e-mail: jaimerebeil@hotmail.com

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